Gabriela Ortega

Gabriela Ortega Gómez (Sevilla 1915 – 1995), artista y creadora de la poesía escenificada, fue una rapsoda y recitadora universal, inimitable en el arte de unir a los poemas el compás del baile flamenco. Gitana, universitaria y artista proveniente de la más amplia dinastía gitana de flamencos y toreros. 

Estudió Teatro en la Universidad de Sevilla, y llegó a ser primera actriz del Teatro Español Universitario representando Teatro Clásico Español y Europeo en verso clásico. Estuvo contratada en los espectáculos de Manolo Caracol, Concha Piquer o el Príncipe Gitano, con quienes actuó por toda España. En 1950, brinda su primer recital como rapsoda y dirige un espectáculo propio en el Teatro Lara de Madrid. En 1958, Gerardo Diego le impone la Medalla de Oro a la Interpretación, antes de exiliarse en América por su empeño en recitar a poetas del exilio.

Y es que Gabriela formó parte esencial de esa generación del 27, en cuanto a altavoz sublime de los versos de aquellos poetas, en especial los de Federico García Lorca, por su intensidad dramática, difundiendo así la obra del poeta granadino. Llevó la poesía española a numerosos países americanos, y llenó teatros en Francia y Portugal. Impartió conferencias y, con sus recitados, llevó a cabo la grabación de diez discos, dos de ellos en México.

En el palco principal del Teatro Nacional de Buenos Aires tiene un sillón con su nombre grabado en letras de oro. Y en México le fue concedido el Azteca de Oro, la distinción más importante que se otorga a un artista extranjero.
A su vuelta a España en 1957 cayó en el olvido, exceptuando algunas intervenciones en televisión, aunque hasta el final de su vida se dedicó a la pintura y a la escritura. Murió el 11 de agosto de 1995 en una residencia de ancianos de Aznalcázar, lejos de la sevillana casa familiar de la Alameda de Hércules.

María Casares

Maria Casarès es una de las más grandes actrices de teatro de la segunda mitad del siglo XX . De origen español (La Coruña 1922), llegó a los 14 años a Francia con su familia huyendo del golpe de estado franquista. Tras estudiar Arte Dramático en París, participó en varias películas, algunas de las cuales ya son clásicos del cine francés: Les Enfants du paradis de Marcel Carné, Les Demoiselles du bois de Boulogne de Robert Bresson, Orphée de Jean Cocteau. Sin embargo, María decidió dedicarse de lleno al teatro y participó en algunas de las mayores aventuras teatrales de su tiempo. Se unió a la compañía Théâtre National Populaire de Jean Vilar y se convirtió en una legendaria actriz trágica en los papeles de Lady Macbeth y Marie Tudor. Actuó en los espectáculos de Georg Lavelli, Maurice Béjart, Roger Blin, Patrice Chéreau, etc.
Apasionada por la escritura, Casares encarnó papeles clásicos pero también creó las obras de los grandes autores de su tiempo, siendo un pilar básico del teatro existencialista francés, representando los personajes fundamentales de Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Paul Claudel, Jean Genet, entre otros.

Volvería a España en alguna ocasión para formar parte de producciones como El adefesio de Alberti o Yerma, dirigido por Margarita Xirgu.

En 1960, Albert Camus, compañero esencial en la vida de Maria Casarès, muere en un accidente de coche. Ese mismo año decide invertir junto con el actor, cantante y músico André Schlesser en la compra de una propiedad en Alloue, el Domaine de la Vergne . Allí pasará el resto de sus días. Una casa que la actriz dejó como legado al municipio de Alloue tras su muerte.

La Maison Maria Casarès es desde 1999 un lugar de creación dedicado al arte de la interpretación, en el que el antiguo granero fue reconvertido en teatro. Festival de verano, residencia artística, lugar de encuentro y reflexión…María Casares no solo formó parte de la transformación del teatro francés y europeo, sino que dejó un legado, un espacio para las nuevas generaciones que tienen ahora la oportunidad y el deber de seguir transformando la escena.

Este año y en el mes de noviembre se celebra el centenario del nacimiento de María Casares.

Más información:http://mmcasares.fr/

Y no os perdáis el Imprescindibles de RTVE dedicado a la actriz: https://www.rtve.es/television/20191224/imprescindibles-maria-casares/1994375.shtml

Éliane Radigue

La revolución de la música electrónica llegó a tierras francesas gracias a Pierre Schaeffer, quien junto a Pierre Henry, comenzaron a trabajar en un nuevo modelo de creación musical, la Música Concreta o Música Electroacústica. El objetivo de la música electroacústica era explorar el sonido, éste debía tenerse grabado y ser generado en y por instrumentos con los que pudiera ser manipulado para crear collages que sonarían como una composición pictórica.

Éliane Radigue, comenzó a trabajar en el estudio de difusión radiofónica para la Música Concreta, fundado por Schaeffer, que llevó por nombre Studio d’EssaiTras un periodo de colaboración, Radigue crearía su propio estudio para la experimentación junto a la compositora Laurie Spiegel.

La música de Éliane Radigue es la música del sonido. Obras como Triptych (1978), Transamorem–Transmortem (1973) o Vice Versa, etc. (1970) son un testimonio fiel del particular universo de Radigue. La música de la compositora está hecha para ser escuchada de principio a fin, pues no sólo se trata de composiciones de sonido etéreo que fundamentan las capacidades de la síntesis sonora, sino de composiciones capaces de crear efectos en la psique; la exposición continua a las frecuencias en sus distintas combinaciones surten un efecto neuronal, que al final puede verse reflejado, incluso a nivel corporal.

En marzo de este año, Radigue, a la edad de 90 años, estrenará su primera composición para órgano titulada Occam XV.

A la hora de investigar con el espacio sonoro para una propuesta escénica, el trabajo de Radigue es un referente artístico y motivador que debemos tener presente.

Denle al play, sin distracciones y con auriculares, a ser posible, y disfruten.

https://youtu.be/FMfGLNrLvGA

Más información en : https://art-facto.today/eliane-radigue/

Kabuki, el teatro inventado por una mujer y vedado a las actrices

Izumo no Okuni, nacida en Japón en 1572, fue la creadora del teatro Kabuki en el siglo XVII. Era la hija de un herrero que trabajaba para el Izumo Taisha, uno de los santuarios más importantes de Japón donde Okuni era una de sus bailarinas y sacerdotisas.

Izumo se hizo conocida por sus habilidades artísticas y fue enviada para actuar en varias partes del país, y así recaudar fondos para su santuario. Tras ganar independencia decidió quedarse en Kioto, donde en 1603 Okuni crea su propia compañía compuesta exclusivamente por mujeres marginadas e inadaptadas de la región, llevando a los escenarios un original repertorio de mascaradas, bailes e ingeniosos diálogos, que entusiasmó al gran público. Hasta tal punto que apenas cuatro años después, su compañía no había parado de hacer giras por todo el país, habían surgido multitud de imitadores y Okuni había actuado ya delante del mismísimo Shogun o dictador militar. Nacía así el Kabuki.

Okuni se vestía de hombre, las actrices se mezclaban con el público en lo que se intuye como momentos de cierta procacidad, y en los espectáculos se forzaban las poses exageradas y la sátira a los occidentales, especialmente a los misioneros. El estilo “gamberro” del kabuki se convirtió en tendencia, dando lugar, incluso, al nacimiento de un auténtico fenómeno fan. Okuni formó a muchas artistas y su estilo ganó tanta fama que se propagó por todo Japón. Es así como esta forma de teatro dio un giro importante y evolucionó a un estilo propio. En 1610, a la edad de 38 años, Okuni se retiró de la escena, sin que quede información de ella a partir de ese momento.

En 1629, debido a diversas protestas públicas relacionadas con la moral, se prohibió actuar a las mujeres, y desde entonces solo los hombres lo hacen.

En 2002 en Kioto, a orillas del río Kamo, se erigió una estatua en su honor para conmemorar los 400 años del teatro Kabuki.